MARGARET
No puedo soportarlo.
Golpeo el manubrio con ambas palmas y las joyas de mis muñecas chocan unas contra otras, haciendo eco dentro de la camioneta. La rabia me consume de una manera que apenas logro controlar mientras conduzco por las calles del pueblo intentando borrar de mi cabeza la imagen de Bianca rodeada de personas importantes, elegantes y poderosas, como si siempre hubiese pertenecido a ese mundo.
Y eso es precisamente lo que más odio.
Porque durante años me convencí de que t