Días después, en la fábrica maderera, la rutina parecía seguir su curso, pero algo había cambiado en mi interior.
Las primeras horas del día pasaron sin novedad, el ruido de las sierras y el ajetreo del lugar eran los mismos de siempre. Sin embargo, había una pequeña chispa de nerviosismo que no podía apagar.
Algo había cambiado entre Ben y yo, y aunque intentaba mantener la normalidad en mi comportamiento, mi mente no dejaba de darle vueltas a lo que había sucedido.
Mi amiga Lisa, que había no