Efraín no tuvo que pensarlo dos veces; luego de escuchar lo que su abuela le acababa de decir, inmediatamente canceló su estancia en la clínica.
La psiquiatra que lo estaba tratando le recomendó que no hiciera aquello, pues temía que pudiera tener alguna recaída, pero él le explicó sus motivos, así que no tuvo más remedio que aceptar su alta voluntaria.
Bien a bien, aquel hombre no sabía qué podía estar ocurriendo; solo tenía lo que su abuela le había contado y algunas preguntas que necesitaban