Era de noche en la Ciudad de México; Marina cenaba un poco de fruta con sus hijas y Ofelia en el jardín. Las niñas habían tenido una interesante tarde chapoteando en la impecable alberca de aquella enorme casa.
—¿Dónde está la mujer más bella de esta casa?
Marina pudo escuchar la voz gruesa y masculina de Sebastian, lo cual la hizo voltear y ver el enorme ramo de flores que le llevaba. Aquel detalle le dibujó una bella sonrisa.
—¡Hola, cariño! —dijo Sebastian entregándole las flores y saludándol