Tras aquella larga confesión, la mañana los alcanzó. Sebastián prefirió que Marina se quedara en casa a descansar; ella, luego de escuchar todo lo que aquel hombre le había confesado, no tuvo cómo replicar, ¿cómo podría hacerlo? El hombre la miraba como su hermana, como lo que hubiera deseado ver; no tuvo más remedio que aceptar y quedarse en casa.
No cabe duda de que el destino tiene formas muy extrañas de acomodar las cosas, pues mientras Sebastián estaba ocupado revisando algunos documentos,