En Pitlochry, Escocia, Florencia miraba cómo el atardecer se iba terminando y la oscuridad de la noche comenzaba a cubrir las bellas calles de aquel lugar.
—¿En qué piensa, mi hermosa señora? —preguntó Yorgos con su acostumbrada elegancia.
—En mi país, Yorgos… En mi familia, en mi pasado, en mi hogar… —dijo Florencia con nostalgia.
—¿Acaso este bello lugar no es lo suficientemente bueno para que usted no piense en ello? —dijo el hombre acercándose lentamente a la bella mujer.
—Yorgos… Este lugar