En México, Patrik acariciaba el cuerpo desnudo de su mujer, aquella que era lo único que le daba algo de humanidad, ya que, siendo completamente honesto, de no ser por ella, la realidad sería que en el grupo Montemayor ya no habría casi nadie; pero debía aparentar ser un buen hombre, al menos a ojos de Adelina.
—Adelina Salas, ¿qué me has hecho, mi vida? —susurró el hombre bajito mientras se levantaba de la cama y la cubría con la sábana.
Patrik se puso algo de ropa y bajó a su estudio. Comenzó