Lina despertó tras una larga siesta; a su lado se encontraba Patrik leyendo un libro; él se notaba tan tranquilo como siempre.
—Despertaste… —dijo él quitándose los lentes y cerrando el libro.
—Sí… —dijo Lina con algo de timidez y nervios.
Ella aún no sabía cómo tomar todo lo que había ocurrido; le dolía la cabeza de tanto llorar y pensar, le dolía el cuerpo, pero, sobre todo, le dolía el alma.
—¿Cómo estás? —preguntó Patrik, volteando a mirarla.
—Me duele todo, creo que necesito un baño.
—Sí, s