—¿Mami? ¿Estás bien? —dijo Diana entrando a hurtadillas en la habitación de su madre.
—¡Ven, pequeña! ¡Ven! ¡Mamá necesita un abrazo…! —admitió Marina limpiándose las lágrimas.
—¿Por qué lloras, mami? No me gusta verte llorar. ¿Te duele donde te pegaste? ¿Qué te pasó en el cuello? —increpó la menor al ver a su madre tumbada en la cama.
Marina sintió una punzada en el pecho. ¿Cómo respondía a esa pregunta? Según ella, no le gustaba mentir a sus hijas, pero no podía decirles que su propio padre ha