Tras terminar la llamada, Marina, aun con dolor en el cuerpo, se levantó y miró por la ventana; no pudo evitar dejar caer varias lágrimas al tocarse el cuello, el mismo que parecía querer recordarle lo que había sucedido hace apenas unas cuantas horas.
No pudo evitar traer a su mente la última vez que discutió con Esteban. Él le había dicho que jamás le pondría una mano encima; sonrió de medio lado, pues hoy había quedado claro que podía hacer lo contrario.
Esa noche lloró por largo rato. ¿Cómo