Tan pronto como los primeros rayos de sol se cuelan por la ventana de Marina, esta se levanta. Le duele la cabeza; no había tenido una buena noche hasta que Efraín le llamó y, queriendo o no, con sus comentarios subidos de tono, de repente hacía que sus problemas desaparecieran, al menos por unos instantes.
Marina se alista para llevar al colegio a Diana y prepararle desayuno a Renata y dárselo, pues en la mente de aquella mujer está que seguro Esteban, al no tener a Lorena, él seguro no debe se