Elena
El sueño nunca llegó de verdad.
Lo sabía desde el momento en que me acosté y sentí el techo sobre mí vibrando con todo lo que el día había depositado, todo aún activo e irresuelto, circulando a baja frecuencia por mi cuerpo como la electricidad por las paredes. Mis ojos se cerraron. Mi respiración se ralentizó hasta algo que se parecía al descanso. Pero la parte de mí que realmente dormía, que soltaba genuinamente su agarre sobre la conciencia y caía en el vacío reparador que mi cuerpo ne