Elena
Una luz cálida presionaba suavemente contra mis párpados.
Fruncí el ceño sin pretenderlo del todo, de esa forma en que frunces el ceño ante algo que no es desagradable pero sí inesperado: una protesta leve y refleja por ser traída de vuelta de dondequiera que hubiera estado. Mi cuerpo se sentía diferente. No la sensación áspera e inmediata de despertar de una pesadilla, ni el vacío pesado y medicado de las horas después de la inyección. Algo intermedio entre ambas cosas y ligeramente más