Elena
Desperté con un peso extraño presionándome el pecho.
No era exactamente dolor —más bien inquietud, de esa que se mete bajo la piel y se niega a marcharse. Me quedé allí unos segundos más de lo habitual, mirando el techo, mi mente reproduciendo ya, sin permiso, todo lo de anoche.
Sharon.
Su voz.
Sus lágrimas.
Su confesión.
Por más que intentara apartarlo, el recuerdo se aferraba con terquedad. La forma en que me había mirado —aterrada, culpable, inestable. Cómo le habían temblado las m