Geralt
Esa mañana me quedé sentado en el interior oscuro de mi coche, con el motor apagado, observando a través del parabrisas. Elena salió corriendo por la puerta principal como si llegara tarde a la cita más importante de su vida. De ella emanaba una extraña energía maníaca: una gracia frenética. No era la postura pesada y cargada que solía llevar cuando se dirigía a un largo día de batallas corporativas. Esto era emoción. Emoción real y sin filtros que hacía que sus movimientos fueran liger