—Hola.
Los dos nos quedamos ahí un segundo, incómodos como adolescentes en puerta de colegio.
Miré la caja.
—¿Qué es eso?
—Galletas.
La miré mejor.
Era una caja elegante, con cinta dorada, de esas que parecen contener joyas de la corona o la clave de una herencia.
—Te dije galletas, no una caja que