Capítulo 49
La foto no gritaba. No hacía falta. A veces una imagen en silencio podía destruir más que una confesión.

Me quedé sentada en la sala con el celular en la mano, mirando aquella puerta como si fuera capaz de absorberme entera. La puerta de la habitación de Damián. La camisa blanca sobre el cuerpo de I
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