Miré la taza.
—No quiero saber más.
—Sí quieres.
Levanté la vista.
—No, Sofi. De verdad. Estoy cansada.
—Estás cansada, sí. Pero no es lo mismo. Tú sí quieres saber. Solo que tienes miedo de que la verdad también duela.
La odié un poquito por conocerme tanto.
Mi celular vibró.
Damián.
Hay algo raro