El mundo se me cerró.
Apreté el bolso contra mi cuerpo como si Mateo estuviera ahí, como si pudiera protegerlo solo con la fuerza de mis brazos.
—Usted no va a tocar a mi hijo.
Renata me miró con una calma terrible.
—No necesitaré tocarlo si la ley está de nuestro lado.
Damián se interpuso un poco,