Mateo sí se rió.
—Papá parece pitufo elegante.
Damián levantó una ceja.
—¿Elegante?
—Poquito.
—Lo tomaré.
La profesora pasó por las mesas sonriendo. Cuando llegó a la nuestra, miró la casa torcida, el pan-almohada y el techo medio azul.
—Qué bonita quedó.
Mateo infló el pecho.
—Sí. Porque n