Damián se quedó mirando la pantalla.
La abogada asintió.
—Siga.
Seguí.
Mateo no es una forma de reparar culpas ajenas. Mateo no es premio, ni prueba, ni trofeo de apellido. Es un niño. Mi hijo. Y cualquier acercamiento debe protegerlo a él, no calmar la imagen pública ni la culpa de los adultos.
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