—Damián.
—Sí.
—Si esa carta existe, no borra nada.
—Lo sé.
—No borra que no aparecieras. No borra que Mateo naciera sin ti. No borra todo lo que tuve que hacer sola.
—Lo sé.
—Pero cambia algo.
Damián se quedó quieto.
—Sí —dijo—. Cambia algo.
—Y no sé si quiero que cambie.
Esa frase le dolió más que