61.
La memoria USB cabía en mi palma, pero pesaba como si Mariana acabara de entregarme cinco años de mi vida en formato barato.
La miré.
Pequeña.
Negra.
Insignificante.
Y aun así, sentí que podía explotar más fuerte que todas las cartas, todos los documentos y todas las mentiras juntas.
Mariana seguía frente a mí, pálida, con las manos temblando y la maleta abierta en plena entrada de su edificio. El hombre enviado por Renata estaba a unos pasos, tieso, molesto, con cara de querer arrancarnos la p