49.
Salí del apartamento falso con una carpeta de pruebas, una pegatina de Bruno en el celular y la sensación de haber visitado el museo oficial de la manipulación.
No estaba tranquila.
Tener pruebas no era lo mismo que tener paz.
De hecho, yo diría que tener pruebas era peor en cierto modo, porque ya no podía fingir que quizá exageré, que quizá entendí mal, que quizá la vida fue cruel por accidente. No. Ahí estaba todo: la camisa que no era de Damián, el perfume de Isabela, las copas puestas como