45.

Yo salí de la clínica con la carta real, la carta falsa y una nueva razón para desconfiar hasta de las plantas decorativas.

La frase de Salvatierra se me había quedado pegada en la cabeza como chicle en zapato caro.

La amiga útil.

Así la llamaba Renata.

La amiga útil.

No “la mujer”. No “la conocida”. No “la persona”. No. La amiga útil. Como si la amistad fuera una herramienta. Como si alguien que me conocía, alguien que tal vez me abrazó cuando yo estaba rota, hubiera sido solo otra llave en el
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