—El vino tinto es muy bueno y no se despega fácilmente. Conseguiré un poco y le diré a mi secretaria que te acompañe a «manchar» a las que hablaron mal de tu mamá —pronuncié, compartiendo la complicidad de Matías en su pequeña venganza imaginaria.
Marisol asintió, agradecida por mi disposición a hacerle el juego a su hijo.
Hice señas a mi secretaria para que viniera y llevara a Matías a hacer travesuras un rato, mientras Marisol y yo quedábamos a solas por un momento.
—No tienes que ser un amor