Zia encendía su cuarto cigarrillo en menos de una hora, desde que estaba con Francesco había dejado de fumar, este hábito era de los más odiados por su prometido, pero ante tanto estrés, ella no veía otra salida que la nicotina.
Ahora sí, estaba en serios problemas, dado que su padre solo tenía una sola cosa en mente: vengarse de los Rucci.
Ahora lamentaba el haberse acercado a su ahora prometido, en aquella cafetería en Sicilia, Italia. Zia llegaba como de costumbre por su desayuno favorito