El avión vibró suavemente, anunciando el inicio del descenso. Ana apoyó la frente en el frío cristal de la ventanilla, observando el despliegue infinito del mar Caribe bajo ella. El turquesa líquido parecía susurrar promesas que iban más allá del calor sofocante: una ilusión de olvido, quizás.
Cerró los ojos brevemente. La presión del cinturón de seguridad contra su vientre se confundía con la opresión familiar que anidaba en su pecho desde hacía incontables meses. Dejar atrás la grisura metódic