21. La verdad frente al fuego
El zumbido del aire acondicionado era el único sonido constante en el despacho. Allá afuera, el club se agitaba con luces, risas y música, pero Hugo permanecía inmóvil, como si su oficina fuera un búnker diseñado para mantenerlo a salvo del mundo.
Pero no del pasado.
Se apoyó en el escritorio, los nudillos blancos de apretar con demasiada fuerza el borde de madera oscura. Frente a él, las fotos seguían ahí, desparramadas como migajas de una historia que ya no quería recordar. Ana sonreía en cad