Capítulo 47

Ni siquiera me importaba los supuestos problemas que estuvieran a fuera.

Sentía una inmensa ola de celos que no podía detener dentro de mi ser.

—Imbécil.

¿Quién demonios se cree que es?

¿Piensa que puede follarme e irse con otra cuando le de la gana? Tomarme y usarme como a un pañuelo, pues no se lo permitiré.

Nunca.

Gruñí viendo por la ventana que no había nada.

Saldría de este lugar a ver a Abelone.

Aidan no podía darme órdenes.

Logré escapar por la parte de atrás de la casa.

Había encontrado
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