Ni siquiera me importaba los supuestos problemas que estuvieran a fuera.
Sentía una inmensa ola de celos que no podía detener dentro de mi ser.
—Imbécil.
¿Quién demonios se cree que es?
¿Piensa que puede follarme e irse con otra cuando le de la gana? Tomarme y usarme como a un pañuelo, pues no se lo permitiré.
Nunca.
Gruñí viendo por la ventana que no había nada.
Saldría de este lugar a ver a Abelone.
Aidan no podía darme órdenes.
Logré escapar por la parte de atrás de la casa.
Había encontrado