A la mañana siguiente sentí el calor que no pude sentir anoche.
Mis párpados se abrieron poco a poco para poder ver lo que tenía frente a mí.
El fuego se había apagado pero en la entrada de la cueva podía verse los rayos de un sol radiante lo que indicaba que obviamente había dejado de llover.
Quise moverme y fue ahí cuando me di cuenta de lo que verdaderamente me estaba manteniendo cálida.
Un cuerpo pegado a mi espalda que me sostenía de la cintura para no dejarme ir.
Un cuerpo masculino que y