Gael sonrió maliciosamente. —Vaya, vaya. Me engañaste para que viniera al ultrasonido, pero resulta que era una emboscada. Julia, no es que yo no quiera que vivas, es Andrés quien no quiere que vivas. Si vas a culpar a alguien, cúlpalo a él.
Quitó el seguro del arma. En ese instante, Julia sintió una ola de frío que la envolvió desde la cabeza hasta la punta de los pies. ¿Iba a morir?
En el momento en que la muerte se acercaba, el tiempo pareció ralentizarse. De repente, una extraña valentía sur