—O vuelves con el señor Andrés y haces que invierta dinero en el grupo, o nos devuelves nuestro dinero ganado con sudor y sangre.
Los gritos resonaban en los oídos de Julia como una marea negra que amenazaba con ahogarla. Los accionistas ya no disimulaban, le pedían directamente que volviera con Andrés, que vendiera su cuerpo para salvar al Grupo Gómez.
Julia esperó en silencio a que terminaran de insultarla y luego habló:
—Esta compañía nunca fue mía, era de mi padre. Él ahora está en un sanato