Gael gritó detrás de ella:
—Si no cooperas conmigo, lo pasarás aún peor después.
Julia se detuvo por un momento, sin decir nada, y se alejó. Llegó a un lago y se sentó abatida. ¿Por qué ella nunca molestaba a nadie, pero los demás no la dejaban en paz? Uno tras otro, todos querían acabar con ella. Julia cerró los ojos, sintiéndose muy cansada.
No supo cuánto tiempo pasó hasta que sonó su teléfono. Contestó:
—¿Hola?
—Señorita Gómez, la cuenta del señor Gómez se ha quedado sin fondos —era el hospi