Julia comenzó a experimentar náuseas matutinas. Se enjuagó la boca y se miró al espejo, notando que había ganado peso y su rostro se había redondeado. Bajó las escaleras vistiendo un suéter holgado y escuchó voces provenientes del comedor.
Una de las voces era la de Diego, pero la otra... ¿acaso era Daniel?
¿Daniel?
Julia entró al comedor y vio a Diego y Daniel sentados a la mesa, conversando.
— Así que eres el hijo de Martina —comentó Diego, mirando a Daniel con asombro.
Martina Araya había sid