Cuando Julia volvió a abrir los ojos, ya era de noche. Tenía mucha hambre. Al despertar, sintió que la abrazaban. El pecho musculoso de Andrés estaba pegado a ella y su voz tenía un tono alegre:
—¿Despertaste, señora Martín?
Julia, aún adormilada, se sorprendió al verlo.
—¿No fuiste a la oficina esta tarde?
Su voz sonaba suave y perezosa.
—Me tentaste tanto que decidí no ir a trabajar—bromeó Andrés, acercándose para besarle la mejilla. La abrazó por la cintura en un gesto posesivo.
Julia no se r