Después de cenar, Julia bajó a pasear por el jardín.
El jardín de la Mansión Gómez era hermoso. Se decía que como a su madre le encantaban las flores, su padre había creado un jardín que parecía sacado de un cuento de hadas.
Mientras caminaba, veía flores de todos los colores. De repente, chocó contra una pared de carne alta.
El golpe le dolió en la punta de la nariz. Al levantar la mirada, vio el rostro de Andrés. Sorprendida, preguntó: —¿Qué haces aquí?
—Acabo de llegar. ¿No te dolía el estóma