—Una vez, cuando volví del extranjero, insististe en que te llevara a las aguas termales. Era el 28 de septiembre, justo en un día festivo. Pero te vino el periodo y no pudimos ir. Te retorcías de dolor en la cama.
Al escucharlo, Julia recordó ese momento.
Fue el año pasado. Ella había insistido en ir a las aguas termales, quejándose de que él nunca estaba en casa y no pasaba tiempo con ella. Amenazó con enojarse si no iban y no dejaba de hacer pucheros frente a él. Andrés, cansado de sus berrin