Capítulo 227
Sus manos ásperas amasaban su piel de nieve.

Julia frunció el ceño con incomodidad.

—Andrés, suéltame.

Él se negó a soltarla, manteniéndola atrapada contra la cabecera de la cama, pegado a ella como un horno, mordiendo su cuello frenéticamente. Julia temblaba por sus mordidas.

Marcas rojas y moradas aparecieron en su piel. Ella forcejeó, pero no pudo liberarse, siendo presionada firmemente contra la cama.

Él aún vestía su bata, con un brazo rodeando su esbelta cintura y la otra mano recorriendo
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