—Déjame mirar las ampollas en tus pies—, dijo, tomando sus pies y mirando las ampollas en las plantas, que comenzaban a formar costras.
El corazón de Julia tardó en calmarse. Cuando lo vio acostarse, preguntó: —¿Por qué te quitaste la ropa?
—Es más cómodo dormir sin ropa—, respondió, y luego acarició su cabeza. —Duerme.
Julia estaba aturdida.
¿Por qué de repente era tan cariñoso?
Cuando levantó la mirada, se encontró con su profunda mirada.
Su mirada era extrañamente suave: —¿No quieres dormir?