31. El desvanecimiento (L2)
Edán dormía profundamente a su lado, ajeno a la tormenta que se desataba en su interior. Herseis lo observaba por un momento, su respiración tranquila y constante, y sintió una punzada de envidia por su paz. ¿Cómo era posible que él pudiera dormir tan fácilmente mientras ella estaba atrapada en esta espiral de incertidumbre? El insomnio se volvía cada vez más insoportable. El callado murmullo de la noche, que normalmente encontraba reconfortante, se había convertido en un enemigo que amplificab