Herseis ahora experimentaba una creciente en su libido. Había momentos en los que el autocontrol se le hacía difícil, y este era uno de ellos. Quería agradecerle por todo lo que había hecho, por haber intervenido de manera tan decisiva cuando los Whitmore y Edán intentaban humillarla. Sabía que Helios no lo había hecho solo porque fuera su jefe; lo había hecho porque se preocupaba por ella, porque la quería a su lado. Pero ¿cómo podía agradecerle aquí, rodeada de tantas miradas curiosas y juzgadoras? Había muchas cosas que quería hacer con él, cosas que no podía decir en voz alta en ese espacio público.Se mordió el labio, intentando mantener la compostura. Si fuera un lugar más privado, pensó, imaginándose a sí misma y a Helios en uno de esos momentos furtivos en los que podían soltarse y ser ellos mismos, lejos de las miradas inquisitivas. Lo deseaba de una manera que no había deseado a ningún hombre antes. No era solo el hecho de que fuera joven y atractivo; había algo más profundo
Herseis quería agradecerle de la única manera que conocía. No podía hacerlo en este espacio público, pero eso no la detenía de imaginar lo que ocurriría cuando estuvieran a solas. Cuando no hubiera ojos mirándolos…Henry Drake había llegado al país por invitación de su amigo Helios; lo había estado esperando en la empresa, pero le había dicho que se adelantara y le diera la dirección del centro comercial de su hermana. Al llegar Henry, bajó del auto con la seguridad tranquila de quien está acostumbrado a moverse en ambientes lujosos, pero también con el ojo crítico de un extranjero en tierras nuevas. El edificio que tenía frente a él era imponente, reflejando no solo la riqueza sino también el estatus de la familia de su amigo Helios. Había venido a este país por su invitación, y aunque la idea era disfrutar de unos días relajados, sabía que, conociendo a Helios, los negocios siempre podían surgir en cualquier momento.Al entrar al centro comercial, su mirada recorrió el espacio con i
Henry sintió un leve escalofrío recorrer su cuerpo. Ya había notado a la mujer antes, esa figura imponente acompañada de escoltas y la pequeña niña que había tocado el piano con él. No había sabido quién era entonces, pero ahora conocía su nombre. La frialdad en su porte y la forma en que su presencia dominaba el espacio lo había dejado intrigado. Su respiración se volvía más controlada. Algo en esa mujer lo desafiaba de una manera que no podía comprender completamente. Sabía que estaba por enfrentarse a alguien peligroso, pero lo hacía con la misma formalidad y calma con la que manejaba sus negocios.Aquella tenía el cabello oscuro, cuidadosamente recogido, y unos ojos igualmente oscuros, pero tan afilados como una navaja. Su mirada era penetrante, como si cada movimiento de su entorno estuviera siendo calculado al instante.Al intercambiar miradas, sintió un impacto inmediato, como si el aire se volviera más denso entre ellos. Hell desprendía un aura siniestra, fría, y había una per
Al llegar a una zona de descanso, Henry guio a la niña y a los escoltas hacia una mesa donde les sirvieron helado. La escena parecía casi normal, si no fuera por la presencia dominante de Hell y la sombría quietud de la niña. Henry se sentía en medio de un escenario cuidadosamente coreografiado, donde cualquier movimiento en falso podría tener consecuencias graves.En ese momento, Hell rompió el silencio. Su voz, firme y tajante, cortó el aire.—¿A qué se dedica, señor Drake? —preguntó ella sin rodeos, sus oscuros ojos fijos en él, como si estuviera examinando cada gesto, cada respuesta.Henry tomó aire, tratando de mantener la compostura, sabiendo que cualquier palabra equivocada podría ser usada en su contra.—Trabajo en inversiones y negocios internacionales —respondió con calma, pero notó que ella no parecía interesada en lo más mínimo. Hell no buscaba una conversación superficial. Quería algo más directo, algo que solo ella entendía completamente.—Yo soy mafiosa —dijo Hell de ma
—¿Quién era aquella mujer a la que defendiste? Herseis Hedley —preguntó Hera con suavidad, colocándose a su lado. Aunque su tono era tranquilo, había una curiosidad latente en su voz. Sabía que algo importante había ocurrido en ese encuentro, algo más allá de una simple intervención.Helios respiró hondo, sabiendo que no podía ocultar la verdad a su melliza. No importaba cuán cuidadoso fuera, Hera siempre encontraba la manera de ver más allá de sus palabras, de sus acciones. Compartían un vínculo tan fuerte que mentirle sería inútil.—A ti no puedo engañarte, ni ocultártelo —dijo, girando su cuerpo ligeramente hacia ella, con una mezcla de resignación y alivio—. Ella es mi esposa. Nos casamos por lo civil.El rostro de Hera no cambió inmediatamente, pero Helios pudo sentir la sorpresa que emanaba de ella, un cambio sutil en su energía, casi imperceptible para los demás, pero inconfundible para él.—Era una cajera en el banco Leona —continuó, sin detenerse, queriendo explicarle todo de
A su lado, Herseis se movía con una gracia contenida, vestida con un traje sobrio pero elegante que realzaba su figura madura y serena. Los tacones resonaban con suavidad sobre el suelo de mármol, y su rostro mostraba una profesionalidad impenetrable, perfecta para el entorno en el que se encontraban. Era la asistente del CEO, un rol que asumía con toda la seriedad del mundo, y sabía que debía mantener la distancia. Aun así, cada vez que Helios la miraba, lo hacía con una intensidad que ningún otro podía notar.Habían acordado ser estrictamente profesionales en público. Nadie sabía de su relación secreta; no había miradas prolongadas, ni sonrisas privadas. Todo estaba medido y calculado, un acuerdo silencioso entre ambos. Pero, a pesar de esa fachada de formalidad, Helios no podía dejar de observarla. Cada movimiento de Herseis, cada palabra que pronunciaba cuando interactuaba con otros invitados, lo atraía más. Había algo en la forma en que ella se movía, como si su sola presencia tr
Herseis se encontró en el amplio vestidor de la mansión, observando su reflejo en el espejo mientras terminaba de prepararse para la noche que la esperaba. El brillo suave de la lámpara de pie iluminaba su figura, destacando los detalles de su cuerpo tonificado y esbelto. La transformación en su físico era algo que la llenaba de una satisfacción silenciosa. Gracias a la rutina de ejercicios y la alimentación equilibrada que había adoptado en los últimos meses, su figura había cambiado de forma considerable.Su abdomen estaba firme, sus piernas más definidas, y sus brazos mostraban una sutil pero evidente tonificación. Todo en su cuerpo irradiaba una nueva vitalidad, una energía renovada que ella misma no recordaba haber sentido en años. Se sintió más joven, más fuerte, más viva, y, sobre todo, más segura de sí misma. Helios había tenido mucho que ver con ese cambio, no solo porque había motivado su transformación física, sino porque también había encendido en ella una nueva pasión por
Helios cerró la puerta tras de sí, y el suave clic resonó en la habitación como una señal. La atmósfera estaba cargada de expectativa, el aire denso con el aroma de las velas y el deseo acumulado entre ellos. Apenas sus ojos se posaron en Herseis, una oleada de calor le recorrió el cuerpo. La vio de pie, esperando, su figura delineada por el encaje negro que cubría su piel dorada. El brillo tenue de las velas resaltaba cada curva, cada contorno de su cuerpo tonificado, y el deseo en Helios creció de inmediato. Su respiración se aceleró imperceptiblemente, pero mantuvo la compostura, con su mirada fija en ella. No había a nada ni a nadie más que admirar, solo a su hermosa esposa de cabello rizado.Herseis lo miraba con una mezcla de anhelo y confianza renovada. Sabía exactamente lo que provocaba en él, cómo su mirada la devoraba sin necesidad de palabras. El traje de lencería que había escogido no era solo para seducirlo, sino también para recordarse a sí misma que estaba en control. E