Nicola
Podía ver las expresiones de incredulidad en algunos rostros, la sorpresa en otros.
Pero no necesitaba dar explicaciones.
Bastó con que vieran a Valentina con ese vestido, que me vieran a mí, esperando con una calma fingida, para que entendieran el mensaje: ella y yo estábamos por unirnos, y nadie podría cuestionar su lealtad.
Valentina avanzó con pasos seguros, sus ojos fijos en los míos. Cada paso que daba parecía un juramento silencioso, una promesa que iba más allá de cualquier palab