Nicola
El humo y el olor a metal quemado aún impregnaban el aire del sótano.
Alessandro había encontrado su final, pero a decir verdad, la satisfacción que debería sentir no estaba.
Estaba de nuevo en ese lugar, tres días después, con las manos en los bolsillos de mi pantalón, mirando el toro de hierro, ahora frío y silencioso.
Solo quería que esto terminara de una vez, que limpiaran todo el maldito desastre y que yo pudiera salir de allí.
Dos de mis hombres trabajaban en silencio, sus movimien