16. ¿Sentir o deber?
Alexander
Desde el instante en que descubrí que Emma era mi compañera, me sumí en un tormento incesante. Rechazarla y abandonarla en el bosque fue como clavar un puñal en lo más profundo de mi alma. La presión en mi pecho era insoportable, rechazarla fue lo más difícil que hice, incluso más difícil que las batallas más feroces que había liderado.
Un impulso casi irresistible me empujaba a regresar, estrecharla entre mis brazos y retenerla para siempre. Mientras luchaba con mis emociones, Dago m