El sol radiante bañaba las fachadas de los edificios antiguos, creando sombras danzantes en el suelo empedrado. Ámbar y Aitana caminaban por las estrechas callejuelas de Roma, el aroma del café recién hecho las invitaba a detenerse en alguna de las pequeñas cafeterías.
Sin embargo, la urgencia de llegar a tiempo a clase las impulsaba hacia adelante. Por lo menos a Aitana, quien no se dejaba llevar por el aroma que se impregnaba en sus fosas nasales.
—Mmm, un rico café me provoca —musito Ámbar