En la intimidad de su habitación, Ámbar se dejaba llevar por el deseo y la presión de extrañar a Julián. Los rayos de sol de la tarde se filtraban por las cortinas, iluminando la pequeña mesa donde descansaba su portátil. Con los dedos bailando sobre el teclado, escribía mensajes llenos de corazones y caritas tristes. El sonido de las teclas era el único que rompía el silencio de la habitación.
Julián respondía a sus mensajes con la misma intensidad de amor y muchos mensajes de muchos, te extra