No había lluvia igual a otra; eso pensaba Alma mientras miraba por la ventana hacia el jardín de los Gutiérrez-Cruz. Podía tratarse del mismo fenómeno meteorológico: agua cayendo del cielo, pero no era igual. El tamaño de las gotas, la distancia entre ellas, la inclinación en su caída, la luz que las acompañaba, la frecuencia... Los recuerdos que evocaba.
Ahora, Alma pensaba en su madre. La recordaba tarareando la canción de los osos mientras afuera el cielo tronaba. Con su dulce voz intentaba