81. No le digas nada a mi hermana
Se darían el “Sí, quiero” dentro de un par de semanas. El brasileño así lo había decidido, pues no quería pasar más tiempo sin llamar a ese cisne dorado su esposa.
Su amada esposa.
Ella, por supuesto, aceptó, más que encantada, rebosada de alegría por organizar la boda de sus sueños.
— Quiero que sea algo muy íntimo, con las personas que de verdad nos aprecian — le había dicho mientras tomaban el desayuno en la terraza.
Era un día precioso. De nubes blancas y flores amarillas. Se respiraba u