Preparó la mesa. El teléfono de Alekos sonó; era Teresa.
—Sí, ahí se la paso —dijo él, extendiéndole el celular a Dakota—. Toma, es tu tía.
—Hola, tía. ¿Cómo están las cosas por ahí? —preguntó Dakota.
—Bien, querida. La charla con la doctora le hizo bien; los niños ya almorzaron. En realidad t